Paco Hernández-Pinzón, el sobrino de JR
04/11/2010
A Juan Ramón Jiménez le han dedicado muchas personas, tanto a su vida como a su obra, una parte importante de su tiempo a lo largo de su existencia. Desde su inseparable compañera Zenobia Camprubí, entregada hasta la extenuación, hasta un importante número de investigadores el poeta de Moguer siempre tuvo a su lado el respaldo, la seguridad y los afectos de quienes le amaban por sí o por su obra.
Pero, para el conocimiento general, existieron otras personas que, casi de puntillas, en la sombra de la cercanía familiar, ofrecieron una entrega que, ahora -con su tiempo cubierto por el ciclo de la vida- merece el recuerdo, la memoria y el agradecimiento de su trabajo. Nos referimos a Francisco Hernández-Pinzón Jiménez, el sobrino del poeta, el hijo de su hermana Victoria. Paco, que es apelativo cariñoso de quienes le trataban, no podemos ocultarlo, en beneficio de los reconocimientos que merecen una vida de entrega a su tío Juan. No sólo por ser el compañero del Nobel en sus últimos momentos; no sólo por ser el artífice de que sus restos se encuentren hoy en su Moguer natal, junto a los de Zenobia; no solo por el desprendimiento y abandono de vida familiar y profesional para dedicarla al tío poeta, sino por el trabajo juicioso y ordenado de entregarse al legado del mas grande lírico de la poesía española del siglo XX, de cuyas labores, no sólo se ha beneficiado la comunidad investigadora, sino la poesía en general y aquellos que la sienten como sustancia esencial de las emociones del hombre.
A Paco Hernández –Pinzón no se le resistió el tiempo con bagatelas, anecdotarios y tópicos del poeta familiar. Libró sus batallas en todos los tiempos. Alentó y cuidó aquellas premisas que, conocía mejor que nadie, en los deseos de JR. No se conformó con ser albacea de un legado inconmensurable. Se esforzó por abrir las puertas necesarias y cerrar las inutilidades.
Hoy, descansa en el camposanto de Sevilla, y Moguer, desde la Casa Museo Zenobia-JRJ no quieren ser desagradecidos. Tuvo su espacio y su tiempo que, con la luz de la memoria, vivirá el justo destino de los entregados.
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