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sábado, 23 de enero de 2010

EL MAR FUE FUNDAMENTAL EN EL CAMBIO ESTÉTICO DE JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

Variaciones sobre JRJ

El Ateneo de Sevilla rememora la Velada en honor al Nobel de 1912 con los poemas de 124 autores

23.01.10 - 01:02 -
V. M. NIÑO

Platero señorea el recuerdo de Juan Ramón Jiménez. Sea porque al sistema educativo le ha dado buenos resultados incluirlo entre las primeras lecturas, sea porque la entrañable y nostálgica naturaleza del burro humanizado tiene una fuerza soberana, el hecho es que es la obra más popular del moguereño que escribía para la 'inmensa minoría'. Y así lo demuestra también el volumen de poesía publicado por el Ateneo de Sevilla en el que 124 autores homenajean al Premio Nobel.
Ligado a esta institución desde el primer curso de sus estudios universitarios, en un pupitre de la decimonónica sede hurtó horas al estudio para escribir versos. Inscrito en el Ateneo en 1898, catorce años después recibiría el homenaje de sus socios, en 1912. Esa velada quiere repetirse pero en forma de libro, en el que participan poetas de España en compañía de alguno hispanoamericano.
«Poeta padre» para algunos como Pablo del Barco, este «hombre que cumplió con la belleza y dio viento de fuego a la palabra», según José María Jurado, inspira a todos aquellos que se empeñan en la «enloquecida búsqueda de la palabra exacta» (Rocío Hernández) tanto por su obra como por su vida. Y en ésta, Zenobia, «esposa, madre y musa» dice Pura López, vive en la sombra de los versos. «La habitación vacía/ la silla de Zenobia aguardando en el niebla/ del malecón del alma», escribe Carlos Aganzo.
El mar es el accidente geográfico que determina un cambio en la estética de JRJ y el Atlántico, el que determina los límites de su mundo, Moguer y San Juan de Puerto Rico. «Me sabe a mar la boca al acordarme/ de que has muerto», afirma Margarita Arroyo, aunque Manuel Ríos tenga claro que «no eres un muerto... tan solo un evadido de los puntos cardinales».
Rememoración de las calles de Moguer, sensualidad de encuentros amorosos, recreación de los ecos infantiles que acompañaron a aquel que creyó en un 'niño-dios', el homenaje a JRJ adquiere tantas formas como creadores se aventuran a reescribirle. Van-Halen avista su fantasma mientras todos admiran su «esencial desnudez» (Luis García). Poetas desconocidos intercalan sus nombres con los consagrados (Pablo García Baena, Luis Alberto de Cuenca o Jesús Munárriz).
Y si hay un verso que viste el recuerdo juanramoniano es el melancólico «Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando».

http://www.nortecastilla.es/20100123/cultura/variaciones-sobre-20100123.html

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