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viernes, 13 de noviembre de 2009

FÉLIX AMADOR ES RECONOCIDO EN UN NUEVA EDICIÓN DE LA ASOCIACIÓN APOLO Y BACO

Viento del norte en relatos del sur
Actualizado 19.10.2009 - 05:03

JAZZ. Vino. Literatura. Son los tres pilares de la asociación Apolo y Baco, un insólito proyecto cultural de un grupo de sindicalistas de Astilleros que se ha ido haciendo un hueco en el panorama de inquietudes estéticas de la ciudad. Hubo tiempos lóbregos en los que palabras como gourmet o glamour no sólo se tildaban de galicismos, sino que se asociaban con una clase social, con una ideología, casi con una de las dos Españas. Antonio Vázquez Cruz, responsable de la sección de Jazz; Vicente Sanchís Belmonte, de la de Enología: Luis Miguel León Blanco, de la de Literatura, y Carlos Torres, de Gastronomía, han conseguido hermanar a Pablo Iglesias con Néstor Luján, el tajo con el Duero (Ribera del), el convenio con la búsqueda del genio, los cientos de barcos con Miles Davis.La misma noche que se fallaba el premio Planeta, el cuarteto de Apolo y Baco convocaba por partida doble a quienes comparten con ellos esas aficiones tan civilizadas, tan presentes en los múltiples atajos para alcanzar la felicidad o algunos de sus más sugerentes sucedáneos. Entregaban la cuarta edición de su premio literario, en la doble modalidad de narraciones breves y poesía, y el primer encuentro cultural dedicado a cada una de las cuatro secciones que forman su razón de ser.Un cuarteto masculino que tuvo que rendirse a la evidencia: a la misma hora en la que la escritora Angeles Caso era galardonada con el premio Planeta de novela, tres mujeres subían al podio de Apolo y Baco. Dioses que hacían los honores a estas diosas de la escritura. 220 narraciones breves y 140 trabajos poéticos respondieron a la convocatoria, que ya tiene una reputación de ámbito nacional. Un jurado presidido por Nicolás Jesús Salas y completado por Concha Caballero, Pedro Luis Ibáñez Lérida, Francisco Vélez Nieto y el que suscribe dio fe de la notable calidad de los trabajos presentados.El Metro llegó a Sevilla el 2 de abril y muy pronto formará parte del paisaje literario. Como aperitivo, el texto ganador del concurso de narraciones breves se titula, parafraseando a Pablo Neruda (el otro día le atribuí a Gabriel Celaya dos de sus versos más universales: desde aquí entono el mea culpa), Once estaciones de Metro y una canción desesperada. Con remite de Madrid, cuyo Metro celebra 90 años de historia, lo firmaba María Teresa Núñez González.El accésit, y el premio a la creación literaria sevillana, se fue a Marchena, a Concha Montes Martín, autora del relato Viento del Norte, una historia muy country, en la línea de los textos de Barry Gifford. También fueron finalistas los trabajos De ángeles y realidades (de Félix Amador Gálvez, Moguer), Relato de cómo bebí y retocé lo que no está escrito con mujer beoda y salí escarmentado de la villa de Yepes (de Faustino Lara, Toledo) y Santa (de Jorge Saiz, Burgos).El premio de poesía, con cita previa de Cernuda y una estructura deudora del poeta del 27, se quedó en Sevilla. La luz no usada es obra de María Sanz, un nombre consagrado de la lírica sevillana y española, autora de libros como Luces para un coro de paisajes o Vacaciones en vísperas de olvido. Es un repaso por conventos y plazas, un atlas sentimental, muy musical, por la Sevilla de siempre, que como diría un clásico de la publicidad está como nunca.El poemario de María Sanz, ya curtida en los galardones literarios, se impuso en la final a otros cuatro trabajos procedentes de cuatro puntos cardinales de la geografía española. De Madrid llegaban los versos de Los cuerpos y las noches, con la firma de Pedro Tenorio Matanzo; de Cádiz, Isla en tus brazos, de David Franco; de Tomelloso, la patria chica de García Pavón y el pintor Antonio López, Cuaderno para ojosdeganso, de José Pozo Madrid; y de Cartagena, la cuna de Carmen Conde y Arturo Pérez-Reverte, Memorias, de Héctor Castilla Jiménez.En línea con las cuatro esquinas de su ring de gustos y tendencias, los miembros de Apolo y Baco (nombre de un cine que desapareció y de una cadena de restaurantes y tiendas que vino a Sevilla desde Marchena), entregaron los galardones de su primer encuentro cultural. El de música fue para Mingo Balaguer, fundador de la Caledonia Blues Band, que fue telonero de B. B. King; el de literatura, para Francisco Vélez Nieto, prolífico autor que, como los fundadores de Apolo y Baco, también fue sindicalista (ver foto de portada del libro Historia de la UGT de Sevilla de Julio Ponce Alberca); el de Gastronomía, para Enrique Becerra Gómez, que muy pronto publicará su cuarto libro; el de Enología, para José Luis Becerra Olmedo. Simple casualidad la coincidencia de apellidos entre el yantar y los caldos.
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