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jueves, 27 de mayo de 2010

EL MUNDO.ES DA A CONOCER LAS BELLEZAS DE MAZAGÓN, MOGUER Y PALOS

ANDALUCÍA POR DESCUBRIR | Huelva

Mazagón y los colores veraniegos

[foto de la noticia]

Sepan que cuando despunte el verano Mazagón, sus playas y sus dunas vestirán otro color distinto al que ahora tienen. Se arroparán con un tono más difuminado y luminoso, más vivaz y explícito. Habrá colores ocres y azules esmeraldas para la mar y el horizonte. Anaranjados y violáceos para la hojarasca y la broza, grises enlutados para los troncos y las dunas quietas. Pero será hermoso. Hay quien dice -los marineros sobre todo- que en estos días ya se intuye la nueva estación. Los cirros que decoran el cielo presagian días de vientos calurosos llegados de aquella línea acuosa y extraña por la que hace más de quinientos años se perdieron tres carabelas con bandera castellana.

Las playas de Castilla

Debe ser por ello que a las playas de este ancho litoral las apellidaron de Castilla. Motivos tuvo la corona para engrandecer estas comarcas del poniente andaluz. La Rábida, Palos o Moguer dejan hoy testimonio de que hubo un tiempo en que Huelva fue grande y soberana. Mazagón no pasó de ser durante muchas décadas un poblacho blanco de pescadores humildes y sencillos perdido entre la espesura y la fragosidad de las marismas de Doñana. Hoy es un municipio turístico que estos días comienza a llenar sus calles y sus plazas. El caserío se despliega en torno a un recogido barrio de inspiración colonial que mira al infinito océano que parece retarlo cada día. En torno a él han crecido en los últimos tiempos urbanizaciones turísticas, pero nada parecido a lo que se ha levantado kilómetros abajo, por Matalascañas, donde las moles de hormigón opacan la belleza de una de las playas más hermosas de esta luminosa costa.

Arboledas de mediana altura

En Mazagón hay casas blancas de una planta con puertas minúsculas y ventanas diminutas; plazas donde crece una arboleda de mediana altura e iglesias pequeñas donde se colocan flores y depositan oraciones ante imágenes de primeros de este siglo.

Lo que más interesa de Mazagón es su proximidad a Doñana. La línea de arenosas playas e irregulares acantilados acompaña al caminante por una carretera recta que lleva a una bifurcación. A un lado, Matalascañas y a otro El Rocío. Tomar esta última parece una obligación: Un denso caparazón de pinos, de perfumados arbustos, de romeros y tomillos acaricia las tierras de marismas. La aldea se divisa desde kilómetros antes, ataviada con el campanario del santuario de El Rocío.

Doñana queda aquí, a un paso de este barullo de calles religiosas. El coto viene a ser una recompensa para el visitante, una Itaca para todo aquel que se adentra por este territorio de brisas templadas y susurros de leyenda. Y es que Mazagón y Doñana son una misma cosa, aunque una línea administrativa se empeña en separarlas (www.elmundol.es).

Más información en www.playasdehuelva.com

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